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miércoles, 20 de abril de 2011

Indignez-vous! (¡Indignaos!) de Stéphane Hessel, mi opinión

Ayer me fui a cortar el pelo, y como me dijeron que tenía que esperar unos 20 minutos, me fui a pasear por la librería que hay al lado de la peluquería. Pronto es Sant Jordi, y la tradición de regalar una rosa está bien, pero……, si la acompañas de un libro mejor, si no tu mujer se te queda mirando diciendo (mientras te entrega un libro)…. Ahhh muy bonita!!! Y tú tienes derecho a leer y yo no???..... y con razón. Así que fui a dar una miradita...
Como siempre a tope, pues además de libros venden todo tipo de formatos, gadgets, ordenadores, etc.
Repasé con la mirada los títulos que había en las estanterías….. sí, solo aquellos que hay en la zona de los más vendidos….. o los que han pagado para estar mejor situados. Me llamaron la atención dos de ellos, pero hoy hablaré solo de uno: Indignez-vous! de StéphaneHessel. Había oído a diversas personas referirse a este libro, y me generó curiosidad. Además era ideal para mi espera de peluquería, pues tiene solo 60 páginas, y con tamaño de letra de cuento de niños. Y me lo podía permitir, valía 5 euros. Como diría el ministro Sebastián, no más que un café!!
No hace falta que diga que lo leí esa misma tarde. Y una vez leído, francamente me quedé igual. Me decepcionó profundamente: iba buscando la sensación de cosquilleo que te producen a veces algunos libros, películas, etc., que parece que después de leerlos, verlas,… te vas a comer el mundo, y no!! No sucedió!! No me indigné para nada, o en todo caso me indigné de haberme gastado los 5 euros.
Coincido en el fondo de la cuestión. La sociedad actual está dormida, no se indigna por nada, todo nos parece siempre bien, aguantamos lo que nos echen. Un señor de 93 años nos dice que nos indignemos; que lo que está sucediendo en el mundo, y en Europa en particular es la pérdida de los derechos, esos que han costado tanto de conseguir. Tiene razón. El mismo nos dice que se indignó, cuando era joven, debido a la ocupación nazi de Francia.
No vayamos a comparar!! Estamos de acuerdo que la situación económica, social, y moral de nuestro mundo está en crisis, y que debemos exigir cambios, pero es extremadamente difícil hacer que la gente nos indignemos, cuando por el momento tenemos las necesidades básicas cubiertas, y además, vemos como imposible que suceda una hecatombe que haga que dejemos de tener esa cobertura.
En resumen un libro cargado de razón, con demasiado contenido político, sazonado con cierto anacronismo, y rematado finalmente con un minicapitulo en favor de la causa palestina, que a mi entender no viene a cuento.
Indignémonos porque hace falta!!! Eso sí, una indignación del siglo XXI!!! Un libro interesante por su temática, pero decepcionante por su contenido. Eso sí, para gustos los colores…

sábado, 9 de abril de 2011

La decadencia de nuestros derechos

Durante largas décadas, y durante los últimos años, muchos han sido los derechos sociales que hemos ido ganando, poco a poco, convirtiendo nuestra sociedad en un entorno mucho más afable, seguro, y justo. Muchos somos los que en un momento determinado de nuestras vidas hemos podido disfrutar de estos derechos sociales: con la pensión de jubilación, el subsidio de paro, con las escuelas públicas,  a través de la sanidad, y un largo etcétera.
Sin duda, todos los derechos que hemos ido adquiriendo como sociedad nos ayudan a todos a vivir mucho más tranquilos, pues sabemos que ante adversidades importantes, el Estado nos proporcionará una serie de protecciones.
Creo que nadie puede estar en contra de aumentar esos derechos, cuantos más mejor, pero siempre con una salvedad, en la medida que eso sea sostenible desde un punto de vista económico – financiero.
Sí, si, siempre pensando en las pesetas!!! Pero la vida es así de dura, y lo que es aplicable a una economía familiar (tanto ingreso, tanto gasto), debe ser algo que los Estados deberían empezar a tomar como una línea roja que no deben traspasar.  Evidentemente, no estoy sugiriendo que los estados no se puedan endeudar, sino que deberían hacerlo única y exclusivamente para aspectos de inversión, y no para sufragar gastos corrientes como se está haciendo actualmente.
En los últimos años, en que se llegó a acuñar el término de Nueva Economía, en la que se entendía que el traspaso a la economía del conocimiento, y a la globalización,  implicaba que se había entrado en un periodo de crecimiento económico prolongado en el tiempo, y sin recesiones, se llegaron a cometer barbaridades desde el punto de vista del equilibrio ingresos-gastos.
Localmente en España, nos pasamos mucho más de frenada, pues a la euforia internacional de crecimiento sostenido y perdurable en el tiempo, se le añadió una característica específica que no es otra que el crecimiento desmesurado del sector inmobiliario.
El resultado ha sido catastrófico en todo el mundo, pero especialmente en España, donde podemos hablar de la existencia de un gran problema estructural en el sector productivo del país, reconducible solo a medio plazo, que viene amenizado por unas administraciones públicas absolutamente ineficientes, y una clase política que recoge a lo peor de cada una de las familias españolas.
En resumen, durante una época nuestros derechos no dejaron de crecer; al final de esa época todos nos creímos que de la misma forma que los precios de los pisos no dejaban de crecer, nuestros derechos sociales tampoco dejarían de hacerlo. Y ahora, de golpe, nos encontramos con La decadencia de nuestros derechos.